Por Rodolfo Sosa.
@rodplant14
La angustiante imparcialidad de la justicia paraguaya así
como la corrupción que la corroe, se ha manifestado en su mayor proporción con
las sentencias que han dictaminado los jueces del Poder Judicial el pasado 11
de julio para los procesados por la Masacre de Curuguaty.
Desde la tragedia ocurrida aquel 15 de junio de 2012 que
dejó un infortunado saldo de 17 muertos -11 campesinos y 6 agentes policiales-
las irregularidades con respecto a la investigación han sido una constante en
este caso, a pesar de los continuos reclamos de diversos movimientos civiles
como “Qué pasó en Curuguaty” y “Somos todos observadores de Curuguaty”, que han
sido los únicos abogados de los campesinos que han sido condenados ya antes del
juicio del 11 de julio.
AUDIATUR ET ALTERA PARS, es una frase latina que significa “dejad
que la otra parte sea oída también” y es uno de los principios de la
justicia que sostiene que ninguna persona debe ser juzgada sin tener la
oportunidad de responder con sus argumentos ante una acusación. La fiscalía y
el Poder Judicial han pisoteado los principios básicos de la Justicia en el
momento que escondieron pruebas y no validaron ni levantaron testimonios de los
testigos ni de los propios campesinos, demostrando así que el antónimo de
equidad es el que rige en nuestro país.
Me parece insoportable imaginarme qué hubiese sido de los
campesinos si es que aquellos movimientos nunca se hubieran manifestado, esa
“justicia” totalmente manipulada se los hubiese devorado con mayor dureza y
alevosía sin ningún freno. Si bien no se logró el objetivo de absolución para
los procesados de igual manera es alentadora la forma en que esta porción de la
sociedad se haya levantado con la meta de transparentar un proceso que venía
siendo torcido a favor a intereses particulares.
Charles Louis de Secondat, Barón de Montesquieu, en su libro
“El espíritu de las leyes” sentenció que no existe peor tiranía que la que se ejerce
a la sombra de las leyes y bajo el calor de la justicia. Me parece que
el Barón de Montesquieu si resucitara hoy y viese el infausto desenlace del
juicio del 11 de julio nos recriminaría que existan jueces así como Ramón
Trinidad Zelaya con historial corrupto y que ninguno en el Palacio de Justicia
se haya molestado en leer los conceptos mínimos de su libro y no lo hayan
puesto en práctica. Se indignaría el Barón porque lo que vería en el Poder
Judicial sería una aberración totalmente contradictoria a lo que el nombre de
la institución estatal indica.
La manipulable y negociable justicia paraguaya es uno de los
parásitos que hoy día nos impiden proyectarnos hacia el ansiado desarrollo y
sofisticación civil. Siempre que tengamos jueces y representantes de la
justicia endemoniando nuestras leyes tropezaremos con la misma piedra en cada
metro camino al país transparente y honesto con el que soñamos.
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